Sobre fotografía y salud mental.
Sobre la depresión, la cámara y las cosas que nos salvan un poco.
Hace unos años, me gané uno de los peores problemas que he tenido en la vida cuando la depresión se mostró en mí de forma explosiva. Nunca le presté atención a las señales previas, y confundí el cansancio y la frustración con cosas superficiales que eventualmente pasarían. Nunca les atribuí la profundidad del caso, hasta que las consecuencias fueron inevitables.
Si de algo tengo que arrepentirme en esta vida, es de dañar a personas que no lo merecían. Le di la espalda a los que me amaban y reproché con ira cosas sin sentido. Logré alejar a personas importantes para poder encontrar el silencio que creí que necesitaba. Fue allí cuando supe que estaba en un agujero. Solo, con marcas en la barba, humo en los pulmones y arrepentimiento en el corazón.
Puedo decir tranquilamente que la terapia y la fotografía salvaron mi vida. Una por poner las cosas en orden, y la otra por obligarme a ser consciente de la intencionalidad en mis actos. Tomé la cámara y, por recomendación profesional, empecé a tomar fotografías y a experimentar cosas diferentes al ver el mundo más lento. Me di cuenta que la fotografía y la perspectiva de vida tienen más cosas en común de lo que parece. Estas son algunas de las cosas que la fotografía me ha enseñado, no como grandes lecciones, sino como pequeñas notas con significado que repito para no perderme de nuevo.
La fotografía te obliga a estar en silencio y prestar atención. Utilizar el visor para aislar el ruido y concentrarme mejor. La acción de obligarme a cerrar un ojo y prestar atención con el otro es una figura que siempre me hará bien. (larga vida a los viejos visores)
Pensar una foto a la vez. No se repetirá este preciso momento. Habrá tiempo para otras fotos, pero esta no se repetirá.
Todo el mundo es oscuridad; vos elegís cómo iluminar las cosas que te importan.
Cuando estoy detrás de la cámara, solo existe la conversación entre mi mente y mis acciones. Existe un diálogo interno entre cuerpo y mente que cada vez es más fácil de reconocer y escuchar.
No solo es la foto, es todo lo que la rodea. La fotografía puede convertirse en un refugio, pero también se puede convertir en una prisión si no ordenas todo lo demás.
Te escribo esto no desde la soberbia de creerse ganador de una lucha que tiene fin, sino desde la honestidad de alguien que sigue luchando día a día y que necesita herramientas para poder llevar de la mejor forma esta enfermedad. Si estás pasándola mal, quizá la foto te pueda ayudar como a mí.
Para los de afuera, tu salud mental es una tontería hasta que la ira es visible y te reprochan las consecuencias. Hacéte cargo de lo que sea necesario porque nadie vendrá a salvarte. Si la fotografía te ayuda, usála; no como una cura perfecta, sino como una forma de bajar el ruido y empezar a mirar.
Y si querés contarme tu historia, mis mensajes están abiertos. No te aseguro una solución pero sí puedo leerte y prestarte atención. A veces ser escuchado también ayuda.


