Latinoamérica habla | Alberto Korda - Cuba.
La imagen que se le escapó de las manos a su propio autor.
Hay algo casi irónico en la historia de Alberto Korda: antes de fotografiar una revolución, fotografiaba vestidos.
Korda era, en La Habana de los años cincuenta, el fotógrafo de moda más importante de la ciudad — el que retrataba mujeres hermosas para revistas, el que entendía la luz y la elegancia mejor que nadie en su generación. Nada en ese oficio hacía sospechar que terminaría siendo, sin buscarlo, el hombre detrás de la imagen más reproducida en la historia de la fotografía.
El 5 de marzo de 1960 cambió todo. Korda cubría el funeral de las víctimas de la explosión del barco La Coubre en La Habana cuando, durante apenas unos segundos, Che Guevara apareció entre la multitud mirando hacia el cortejo. Korda disparó dos fotogramas. Ni siquiera era la toma que buscaba — es, de hecho, una imagen recortada de un encuadre más amplio que incluía a otras personas a los lados. El periódico donde trabajaba ni la publicó. Korda la guardó, la olvidó casi, y pasarían años antes de que un editor italiano la sacara del cajón y la convirtiera en cartel.
Ahí está lo que más me interesa de esta historia: Korda dejó de tener control sobre su propia fotografía casi de inmediato. La imagen se multiplicó en camisetas, banderas, murales, protestas de estudiantes en Francia, portadas de disco, hasta perder por completo cualquier relación con el momento específico que la originó — un hombre mirando un cortejo fúnebre, con dolor y rabia en el rostro, no posando para la posteridad. Korda nunca cobró regalías por su uso durante décadas; Cuba no reconocía el Convenio de Berna, y él tampoco parecía buscarlo. Solo demandó una vez, cuando una marca de vodka usó el rostro del Che para vender alcohol — y donó todo el dinero que ganó en ese juicio a un hospital pediátrico en La Habana.
Hay algo que me parece central en esto para pensar la fotografía latinoamericana: la imagen más famosa que salió del continente en el siglo XX no nació como un símbolo calculado. Nació como un accidente de archivo, un descarte que un editor decidió rescatar. Korda pasó el resto de su vida siendo, para el mundo, el autor de una sola fotografía — cuando en realidad fue, durante años, un cronista minucioso de la Revolución cubana en sus momentos menos épicos: Fidel jugando golf, pescando, arreglando un tractor con campesinos. Esas imágenes casi nadie las conoce. La que sí conoce todo el mundo, curiosamente, es la que menos control tuvo sobre su propio destino.





