La Camarada Q&A
Una breve charla con Leticia Calvo
Una de las cosas más gratificantes de Substack es encontrarse con personas de todo el mundo que aportan una visión diferente de la fotografía y de la vida. Particularmente, la mirada de Leticia Calvo en su newsletter, La Camarada, resulta refrescante; no solo por sus temáticas y referencias, sino por la forma en que sus reflexiones te obligan a replantearte conceptos propios.
Hace unas semanas cruzamos unas líneas y tuvimos esta pequeña entrevista, en la que podemos conocer un poco más de su historia, sus gustos y sus proyectos.
¿Cómo te enamoraste de la fotografía? No la versión técnica, sino ese momento exacto en el que dejó de ser curiosidad y se convirtió en algo que ya no podías soltar.
Fue por mera casualidad: me apunté a un curso de verano de la Universidad Complutense de Madrid porque me llamaba la atención el fotoperiodismo. Estuvimos un mes con dos fotoperiodistas, Víctor Lerena y Jorge París, metiéndonos de lleno en el mundo del fotoperiodismo y trabajando en todo tipo de proyectos: retratos, robados, reportajes… Y desde ahí ya no pude soltarla, aunque he tenido mis más y mis menos con la fotografía en todos estos años.
Cuando trabajas, ¿piensas en proyectos a largo plazo o te mueves más cómoda dentro de series cortas y cerradas? ¿Necesitas estructura o prefieres que las imágenes se vayan ordenando solas con el tiempo?
Cuando trabajaba como fotógrafa, lo hacía por proyectos. No te queda otra cuando haces de todo: producto, bodas, moda… Sin embargo, ahora que la fotografía es un hobby, trabajo sin estructura alguna. Y, de hecho, ese es uno de mis propósitos: revisitar mi archivo y ver si encuentro algún tipo de orden o de temática común en todas las fotografías que he ido haciendo estos años.
Y cuando no sabes qué fotografiar, ¿qué haces? ¿Esperas a que algo aparezca o fuerzas el proceso hasta que algo sucede?
Tengo que confesar que últimamente me he aficionado a los retos fotográficos en esos momentos en los que siento que no tengo nada que fotografiar. Sin ir más lejos, el fin de semana pasado me sumé al reto de color hunting que he visto tantas veces en Instagram y en TikTok, y lo cierto es que me encantó hacerlo. Fijarme únicamente en un color me ayudó a ver figuras, composiciones e incluso detalles de personas que me hubiesen pasado desapercibidos de no hacerlo.
En términos más concretos: la luz. ¿Te sientes más cercana a la luz natural o a la artificial? ¿Qué cambia en tu manera de mirar cuando eliges una sobre la otra?
Cuando trabajaba como fotógrafa, sí había ocasiones en las que me veía obligada a usar luz artificial. Sin embargo, en mi práctica fotográfica actual siempre tiro de luz natural. Sé que no siempre es la más adecuada, pero con el tiempo tienes recursos para volverla a tu favor y me gusta el reto que supone hacerlo.
Si tuvieras que elegir una herramienta que te represente, ¿cuál es tu equipo favorito para fotografiar y por qué ese, y no otro?
Creo que va por épocas. Ahora que me he enamorado del mundo analógico en el último año, te diría que mi Minolta XG9 porque me obliga a parar, a pensar la foto, a aceptar que todo es efímero y que no pasa nada si tengo que disparar una foto que no sea perfecta. Sin embargo, la cámara a la que le he dado más tralla es a la Canon 6D con el Sigma 35mm 1.4. No recuerdo la cantidad de disparos que tiene, solo sé que lleva conmigo 13 años (y espero que le queden unos cuantos más).
“La fotografía analógica me ofrece la pausa, el pararme a pensar la foto en lugar de dispararla y después pensar si era lo que quería capturar y, sobre todo, el silencio.”
Vivimos en un mundo completamente digital, inmediato, veloz. ¿Por qué seguir fotografiando en analógico hoy? ¿Qué te ofrece ese proceso que no encuentras en lo digital?
La pausa, el pararme a pensar la foto en lugar de dispararla y después pensar si era lo que quería capturar y, sobre todo, el silencio. Me ayuda muchísimo a frenar el ruido constante al que nos vemos expuestos en nuestro día a día.
Abriste una newsletter en lugar de quedarte únicamente en Instagram. ¿Qué encontraste en ese espacio que no te daban otras plataformas? ¿Qué tipo de conversación querías construir allí?
Justamente por el tipo de conversación. Estoy cansada de los reels de 3 segundos, del contenido rápido y del scroll infinito. Cada vez me gusta más consumir formatos largos, ya sea en YouTube o en otras plataformas como Substack, y quería unirme a este tipo de contenido para poder investigar con calma la práctica fotográfica y el trabajo de otros artistas o conversar con otras personas afines, construyendo una relación más a largo plazo.
Entre imagen y palabra, ¿te consideras más fotógrafa o más escritora? ¿Sientes que una práctica empuja a la otra o compiten entre sí?
Para mí son complementarias, pero es cierto que yo siempre me he inclinado más por la imagen. No sé si tiene que ver con la timidez o el miedo a mostrarse pero, aunque me encanta escribir, me siento más cómoda con la fotografía porque es un lenguaje más ambiguo que la palabra.
Al escribir sobre fotografía, ¿qué descubriste que no habías entendido solo fotografiando? ¿Cambió tu forma de mirar al ponerla en palabras?
De lo que más he aprendido en el último año es de la mirada de otros fotógrafos y fotógrafas. A veces, cuando vemos otros proyectos fotográficos, entendemos el concepto, vemos las imágenes de manera rápida y pasamos a lo siguiente. Sin embargo, tener que investigar durante un buen rato sobre el proyecto y el autor o la autora te hace entender más en profundidad su visión, ver cómo juega con los soportes o cómo explora diferentes ángulos dentro de una temática. Y eso me ha ayudado también a plantearme formas de mirar que, hasta ahora, no había contemplado.
Si tuvieras que recomendar un libro de fotografía sin dudar, ¿cuál sería y por qué ese?
Ahora mismo, te recomendaría la última joya que me han regalado: Facunda, de Guillermo Carazo. Es un fotolibro en el que documenta el alzheimer de su abuela a través de su archivo fotográfico y su propia experiencia y, a su vez, habla de los cuidados, de cómo recaen mayoritariamente sobre las mujeres de la familia y de la falta de medios en la sociedad actual para hacer frente a enfermedades tan complejas, tristes y desgastantes tanto para la persona que la padece como para su entorno.
Y para terminar, ¿alguna vez has pensado en dejar la fotografía? Cuando la autocrítica aparece, ¿cómo la manejas? ¿La usas como motor o como filtro?
Uy, ¡muchas veces! De hecho, lo hice: hubo un momento de mi vida en el que descubrí que no quería trabajar como fotógrafa porque había dejado de disfrutarlo y veía la fotografía como una carga. De hecho, después de ese giro profesional, dejé la cámara olvidada durante bastante tiempo porque no encontraba la motivación para fotografiar. Era como si mi mirada se hubiese apagado tras dejar la fotografía profesional.
“He aprendido que no todo lo que fotografío tengo que mostrarlo: que puedo hacer fotografías por placer y quedármelas para reposarlas.”
Sin embargo, con el tiempo he aprendido que no todo lo que fotografío tengo que mostrarlo: que puedo hacer fotografías por placer y quedármelas para reposarlas, verlas con calma o desecharlas. Y eso hace que ahora, por ejemplo, la cámara se haya convertido en una vía de escape y de disfrute en lugar de una losa -como lo fue durante algunos años-.
Y con la autocrítica me llevo a días: a veces es un revulsivo y, en otras ocasiones, es un obstáculo. Lo bueno es que, pasados unos días, el amor por la fotografía te puede y dejas ese freno atrás para volver a coger la cámara con ganas.
Algunos posts de La Camarada recomendados:
Ahora que ya conoces un poco más de La Camarada, si aún no te has suscrito a su newsletter, te lo recomiendo mucho. Semana a semana encontrarás inspiración, proyectos o reflexiones que te conectaran de forma especial.
Hasta pronto.










