ARCAS
La historia de vidas que merecen volver, aunque sea parcialmente, al lugar que nunca debieron perder.
La semana pasada celebramos el cumpleaños de mi hijo mayor con un viaje express a uno de los departamentos más coloridos de Guatemala: Petén. Obviamente la atracción principal era que conociera Tikal, pero aprovechamos para desviarnos un poco y visitar un proyecto muy bonito llamado ARCAS.
ARCAS es un centro de rescate de vida silvestre en Petén que recibe animales víctimas del tráfico ilegal, el cautiverio y la tenencia irresponsable. Su trabajo no consiste en exhibir fauna, sino en intentar reparar el daño: atenderlos, rehabilitarlos y, cuando es posible, devolverlos a su hábitat. Muchos llegan heridos, estresados o demasiado acostumbrados al contacto humano.
Su objetivo principal es recuperar a estos animales y regresarlos a su entorno natural, pero hay casos en los que eso ya no es posible. Algunos fueron criados como mascotas, perdieron el miedo natural a las personas o nunca aprendieron habilidades básicas para sobrevivir. Otros tienen lesiones permanentes, alas dañadas, problemas de movilidad o secuelas físicas y de comportamiento provocadas por el cautiverio.
Para ellos, la jaula no es el inicio del encierro. Es, tristemente, la consecuencia visible de un encierro anterior. El verdadero daño ocurrió antes: cuando fueron capturados, vendidos, comprados o tratados como objetos.
Inmediatamente notamos que, a diferencia de un zoológico tradicional, los animales se acercaban muchísimo a las rejas. No se sentían agresivos. Se sentían curiosos. Y eso fue, quizá, lo que más me llamó la atención: podíamos acercarnos a su mirada.
Al principio pensamos que las rejas eran simplemente una jaula, pero después entendimos que, en ese contexto, también podían ser otra cosa. Podían ser protección. Podían ser la posibilidad de una vida digna después de que alguien se las arrebató con fines comerciales.
No nos amenazaban con la mirada, incluso estando tan cerca. Había algo más parecido a la curiosidad. Algo parecido a la forma en que nuestras mascotas nos ven por la mañana, cuando se acercan esperando que uno esté ahí. Fue una sensación extraña, porque al mismo tiempo era tierno e incómodo.
La jaula en ARCAS incomoda, y debe incomodar. Pero no siempre señala al culpable; muchas veces señala la herida.
Aprovechamos para tomar retratos de algunos animales, pero también para tener una conversación larga sobre el tráfico ilegal de fauna. Los dos aprendimos datos que nos abrieron los ojos sobre un fenómeno enorme que está pasando frente a nosotros y sobre el impacto que tiene en uno de los pulmones más importantes de nuestro país.
Fue una visita bonita, pero no en el sentido turístico de la palabra. Fue bonita porque nos dejó pensando. Porque nos obligó a ver de cerca algo que muchas veces entendemos solo como noticia, como cifra o como problema lejano.
Y quizá eso fue lo más valioso del viaje: que entre Tikal, la selva, el calor y las fotos, también apareció una conversación que no estaba planeada. Una conversación sobre lo que significa mirar a un animal no como algo que nos pertenece, sino como una vida que merece volver, aunque sea parcialmente, al lugar que nunca debió perder. Retratar esto, hace aún más especial la experiencia.











Qué interesante, Fer. Hace unas semanas visitamos el Hosquillo en Cuenca (España). Es un parque natural y un centro de educación ambiental donde cuidan y protegen especies cinegéticas. En este parque hay un hospital donde habitan águilas heridas o amputadas y sobre todo, algunas aves cuyos huevos fueron robados del nido. Estas aves no experimentaron el aprendizaje inicial o imprinting que les hace saber de qué especie son, cómo se deben de comportar o cuáles son sus depredadores.
Habitaban en esas grandes jaulas sin saber quiénes eran ni qué tenían que hacer. Muy triste.
Es tremendo pensar que un hecho que parece tan simple tenga semejante consecuencia.
Muy bonita tu carta.